E10: una decisión inteligente para Panamá
E10: una decisión inteligente para Panamá
La discusión sobre la implementación del
combustible E10 en Panamá debe darse con seriedad, con información técnica y
con visión de país. No se trata únicamente de mezclar etanol con gasolina. Se
trata de decidir si Panamá quiere seguir dependiendo totalmente de combustibles
fósiles importados o si quiere comenzar a construir una ruta más moderna, más
productiva y conveniente para su economía nacional.
El E10 es una mezcla de 10% de etanol y 90% de
gasolina. Es una fórmula utilizada en muchos países desde hace años y no
representa, por sí sola, una amenaza generalizada para los vehículos modernos
ni para la mayoría de los motores a gasolina que operan dentro de parámetros
normales. Como toda política pública, requiere buena implementación, control de
calidad y una comunicación responsable. Pero una cosa es reconocer que debe
hacerse bien, y otra muy distinta es rechazarla por miedo, desinformación o prejuicio.
Panamá tiene hoy una oportunidad importante. En
vez de ver el E10 solo como una medida energética, debemos entenderlo también
como una herramienta de desarrollo económico, agroindustrial y territorial. En
su fase inicial, el país puede recurrir a etanol importado mientras se preparan
las condiciones para fortalecer la producción nacional. Eso no debe verse como
una contradicción, sino como una transición lógica. Lo importante es que exista
una hoja de ruta clara para que, en el menor tiempo razonable, el etanol pueda
salir de nuestra propia cadena agroindustrial.
Brasil, una referencia regional en
biocombustibles, ya dio el paso al E30, señal clara de que estas mezclas no son
una apuesta improvisada, sino parte de una evolución energética seria y
planificada. Por su parte, Estados Unidos acaba de autorizar subir del E10 a E15.
Esto confirma que Panama no esta entrando en terreno desconocido, sino incorporándose
a una evolución energética probada.
Ahí está uno de los mayores beneficios de este
proyecto: abrir una nueva oportunidad para el sector cañero y para las regiones
productivas del país. La producción de etanol no solo puede dinamizar la
industria vinculada a la caña de azúcar, sino también generar inversión, empleo
rural, transporte, almacenamiento, mantenimiento industrial y actividad
económica complementaria. En otras palabras, el E10 no debe analizarse solo
desde el tanque del carro, sino también desde la finca, desde el ingenio y
desde la economía nacional.
Por supuesto, hay inquietudes legítimas.
Algunos ciudadanos se preguntan si el combustible rendirá menos. Otros temen
que afecte motores o equipos. Y en el sector agropecuario también hay
preocupación por el uso en los equipos agropecuarios. Es correcto atender esas
dudas. Pero también hay que decir la verdad completa: en mezclas bajas como
E10, el impacto en rendimiento suele ser muy bajo, y la mayoría de los motores
modernos a gasolina pueden operar con este combustible sin problemas
significativos.
Por eso, el éxito del proyecto descansa en tres
pilares: gradualidad, planificación y comunicación. Gradualidad, para que la
implementación avance de forma ordenada y responsable. Planificación, para
asegurar que cada etapa se ejecute con criterio técnico, supervisión y una hoja
de ruta clara. Y comunicación, para explicarle al país, con lenguaje sencillo y
sin triunfalismos, qué cambia, qué no cambia, cuáles son los beneficios y cómo
se desarrollará este proceso. Y les puedo garantizar que el Presidente José
Raúl Mulino, no toma decisiones a la ligera, ni improvisadas, sino con sustento
técnico, evaluación responsable y visión de país.
Ese último punto es probablemente el más
importante. Es fundamental dejar claro que la implementación del E10 no
responde a una improvisación, sino a una medida planificada, con sustento
técnico, supervisión, control de calidad y capacidad de ajuste en caso de ser
necesario. El país debe tener la certeza de que se trata de una política
pública seria, transparente y monitoreada, diseñada para proteger al
consumidor, dar confianza al mercado y al mismo tiempo, abrir oportunidades
para el productor nacional y fortalecer el futuro energético de Panamá.
Panamá no puede seguir reaccionando tarde a los
cambios del mundo. De hecho, la guerra en medio oriente está trayendo grandes
amenazas y uno de ellos es el costo del barril de Petróleo y el incremento de
los fertilizantes. La transición energética, la diversificación de la matriz
productiva y la necesidad de fortalecer el agro no son ideas del futuro: son
necesidades del presente. El E10, puede convertirse en una medida concreta que
conecte esos tres objetivos.
No todo cambio es una amenaza. Un cambio precisamente
lo que permite avanzar. Y Panamá necesita avanzar con paso firme. Necesita
tomar decisiones que no solo resuelvan el corto plazo, sino que comiencen a
construir una economía más inteligente, resiliente y productiva.
Defender el proyecto E10 no es defender una
moda. Es defender una visión. La visión de un país que entiende que energía,
agroindustria, empleo y desarrollo no deben caminar por separado. Deben caminar
juntos.
Como nota curiosa, para redactar este documento
tomé como referencia el vehículo de mi esposa, una Ford Edge 2016 FWD 3.5 V6.
La investigación me dejó dos hallazgos: primero, que el fabricante permite
hasta E15, es decir, gasolina con 15% de etanol; y segundo, que recomienda
gasolina de 91 octanos, cuando toda la vida le hemos puesto 95. Es decir,
además de entender mejor el E10, terminé descubriendo que en mi propia casa
estaba pagando de más (lo importante que es leer el manual del auto). Algo
bueno tenía que dejar esta investigación.
Francisco J. Ameglio V.

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